10 cuentos de ciencia ficción norcoreana - Esfuerzo y entusiasmo (2006)
Esfuerzo y entusiasmo 2006
texto de Pak Jong Riol
original coreano publicado en el número 614 de la revista Adong Munhak (5 de junio de 2006)
dibujo del traductor inspirado en la ilustración del original
El viento de madrugada siempre era fresco y agradable. Eso no cambiaba con el tiempo.
Por la mañana temprano, Chungil fue a la orilla del río Dedong (1). Caminando por un paseo fluvial envuelto en una neblina en ascenso, memorizaba fórmulas matemáticas, frases célebres. Todo entraba en su mente sin mayor esfuerzo.
Apenas clareaba la mañana y ya se había aprendido, una tras otra, las quince fórmulas matemáticas, quince físicas y otras tantas de química, los veinticinco dichos célebres del mundo, dominaba de una forma brillante veinticinco cuestiones de ciencia general. Había terminado toda la tarea del día.
"Si sigo así, no me va a costar quedar primero"- así de resueltas y llenas de confianza fueron las palabras que, de modo inconsciente, brotaron de su boca a propósito del concurso para el que había sido seleccionado, que congregaría, diez días más tarde, a alumnos de primero de secundaria de todo el país.
Chungil cerró su cuaderno, lo introdujo en un bolsillo y, tarareando una canción, siguió caminando. Ya estaba listo para desayunar y dirigirse a la escuela. Allí se reuniría con camaradas que compartirían el concurso con él, a quienes enseñaría métodos de estudio que les infundirían confianza.
Tras dejar el paseo fluvial y tomar la alameda, alzó la vista hacia las frondosas copas de los árboles, que se agitaban sobre su cabeza. En aquel instante, le surgió una repentina inquietud: se preguntó cuántas hojas colgarían de aquellas ramas.
Le dio unas cuantas vueltas. Le pareció un problema tan digno como otros de estar tanto en un concurso de resolución de problemas como en los exámenes de acceso a la escuela superior. Mas no dejaba de preguntarse qué método podría haber para resolver ese tipo de cuestiones. No valía, claro está, contar las hojas del árbol una a una. Necesitaba un método científico y sencillo, que, lamentablemente, no se le ocurría. Ni su edad ni su curso académico eran suficientes aún para saber esas cosas.
"Pero es cuestión de estudiar duro", se dijo. Su propósito era firme. De pronto, una voz infantil resonó alta y nítida:
- ¡Bah, mira que no saber eso! ¡Mil trescientas sesenta y dos!
- ¿Cómo?- replicó Chungil, sobresaltado y mirando a su alrededor.
Tras las puntiagudas ramas de un enebro, asomó entonces la cabeza de un chiquillo, que sonreía con un aire tierno y travieso.
- ¿Lo has dicho tú?
- Así es- respondió el muchacho, de aspecto astuto, dando un paso al frente. Observando su pantalón corto, que le llegaba por la rodilla, la escopeta de mandera que llevaba colgada al hombro, Chungil no salía de su sorpresa: era un crío de guardería (kinder).
- Pero, chico- lo reprimió en tono afable-, ¿qué es eso de molestar a un mayor que está reflexionando sobre problemas científicos?
- ¿Reflexionando?¡Qué estás diciendo!- exclamó el pequeño-. Y lo que te digo es verdad, son mil trescientas sesenta y dos, ¡mil trescientas sesenta y dos!- agregó, antes de poner rumbo a su casa dando brincos como un conejo.
"Qué ocurrencias, vaya chiquillo", pensó Chungil, retomando el camino a la escuela.
Al llegar Chungil al aula, sus compañeros de curso lo recibieron con miradas y expresiones que revelaban lo mucho que confiaban en él:
- ¿Qué, Chungil, preparado?
- El primer puesto es tuyo, eh. Estudias mucho y sabes un montón de cosas.
En esos momentos, él, agradecido y reconfortado por la confianza de sus camaradas, les respondía orgulloso:
- Podéis contar con ello.
(...)
"Qué ocurrencias, vaya chiquillo", pensó Chungil, retomando el camino a la escuela.
Al llegar Chungil al aula, sus compañeros de curso lo recibieron con miradas y expresiones que revelaban lo mucho que confiaban en él:
- ¿Qué, Chungil, preparado?
- El primer puesto es tuyo, eh. Estudias mucho y sabes un montón de cosas.
En esos momentos, él, agradecido y reconfortado por la confianza de sus camaradas, les respondía orgulloso:
- Podéis contar con ello.
(...)
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