Día a día en el campamento espacial (2/6)


relato de ciencia ficción juvenil de Om Hosam 엄호삼 publicado en la revista Adong Munhak, Pyongyang, 2018 parte 2/6 2



Tras su llegada a la estación espacial, Yong Nam fue a buscar al profesor y se disculpó por haber contravenido las normas del viaje espacial, autocrítica que el maestro recibió con un semblante satisfecho:
- Si eres consciente de tu error, no hay problema. Tenlo presente: la alteración de las normas y el orden no solo afecta al que las comete sino también a los demás.
- De acuerdo.
- Yong Nam, a propósito: en ese momento me pareció que estabas teniendo una idea… - agregó, con una sonrisa, el profesor, que conocía bien la disposición del joven a concebir ideas novedosas.
- Es que aún no…- Yong Nam dudó. No sabía si compartir sus pensamientos, que por el momento eran una mera pretensión.
- Ya me lo contarás cuando esté maduro.
- Sí.
- Bien, pues ya puedes ir con tus camaradas Yun Chol y Chol Ho al Puesto de Mando Espacial, donde trabajan vuestros padres. Hace un rato nos ha llamado el encargado y dice que os espera allí.
- De acuerdo.

Yong Nam regresó a la sala y, junto con sus compañeros, se dirigió al puesto de mando. Felices ante la idea de ver a sus respectivos padres después de varios meses, los tres corrieron. Pero el encuentro no se pudo dar. Sus padres seguían ocupados en la exploración espacial.
Al ver la decepción en el rostro de Yong Nam, el encargado del puesto de mando les habló de forma clara y ordenada:
- No estéis tristes, muchachos. Vuestros padres estarán de regreso en una semana. Hasta entonces, yo estaré al cargo de vosotros. ¿Qué os parece si comenzamos por echar un vistazo a este lugar, donde trabajan vuestros padres, como nos pidió el profesor?
- Muy bien-respondió enérgicamente Yong Nam, a quien el encargado había causado una buena impresión. Sus palabras le hacían más liviana la decepción de no haber podido ver a su padre.

El encargado guió a los chicos por las instalaciones de la estación espacial. De forma cónica y revestida de un material que la protegía de las colisiones con asteroides,  la estación tenía una superficie similar al Unha-dong (Barrio Galaxia), donde vivía Yong Nam y, sin embargo, mantenía en su interior un ambiente igual al de la Tierra gracias al campo gravitatorio y la atmósfera artificial con los que se había construido. La zona donde el personal hacía vida contaba con un albergue espacial, un parque, una biblioteca digital y un gimnasio. En el área de trabajo estaba la pista de aterrizaje, una enorme estructura de acero, y la sala de transmisiones, donde había instaladas antenas de satélite de todo tipo y forma, diversas factorías y talleres espaciales, el centro de investigación científica y la cabina de pilotaje de la estación, entre otras instalaciones. Escuchando las explicaciones del encargado mientras recorrían toda la estación, Yong Nam conoció más en detalle la labor formidable que su padre, junto con sus compañeros, llevaban a cabo en tan inhóspito entorno espacial. En aquel lugar, a decenas de miles de kilómetros de la Tierra, habían construido una enorme estación espacial y en la actualidad encabezaban nuevos horizontes de exploración.
Para Yong Nam, el recorrido fue una abundante fuente de descubrimientos. En las instalaciones de la sala de transmisiones. Contemplando las imágenes que enviaban los satélites geoestacionarios, de los de órbita polar y de las naves espaciales, tuvo una idea. Pensó que había que recuperar los satélites del Kwang Myong Song. No se le ocurría ningún método para averiguar su ubicación de forma precisa, pero se fijó en las imágenes que enviaba la sonda Azor en tiempo real, en las cuales, de cuando en cuando, aparecían piezas de chatarra espacial, pensó que analizando estas se podría, sin duda, localizar cualquier cosa.

- Señor encargado- Yong Nam se aventuró a preguntarle-, ¿Esas imágenes las puedo ver yo también?
- Pues claro, ¿qué le vamos a negar a un futuro explorador del espacio?
- Por favor, pásemelas en tiempo real a mi ordenador.
- Muy bien. Dame la dirección- el encargado accedió gustoso a su petición.

De regreso a la zona de descanso, Yong Nam compartió con el profesor la idea de buscar los viejos satélites del Kwang Myong Song. Al conocer la iniciativa del joven, el profesor se mostró decididamente a favor:
- Es una idea realmente extraordinaria. No podemos olvidar los logros de las generaciones anteriores. Camarada Yong Nam, le contaré tu decisión a tu padre y lo hablaré con el camarada encargado.
- Eh… No se lo diga aún, por favor.

El profesor sonrió, consciente de la intención de Yong Nam, que quería anteponer los resultados a las palabras.
- De acuerdo. Lo único…- dijo entonces, tras dudar unos instantes y mientras Yong Nam lo miraba expectante: Para analizar todas esas imágenes durante el campamento, no podréis descansar de forma adecuada, ¿no importa?
- Aprovecharé para mejorar en programación y terminaré antes de la exploración lunar.
- De acuerdo. Háblalo despacio con tus compañeros.




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